¿Alguna vez te has preguntado si la vida era más bonita y cómoda cuando la conocimos? Yo, sinceramente, llevo varios días reflexionando sobre ello. No sé si te sucede lo mismo, pero los últimos acontecimientos políticos a nivel global realmente me están preocupando. Algo parece estar cambiando, y la sensación que tengo es que nos están vendiendo una necesidad ficticia: la del rearme y, más adelante, un posible conflicto bélico. Todo esto, alimentado por la terquedad de los actuales líderes políticos.
¿Hacia una nueva geopolítica mundial?
Siempre hemos dicho que «dos no se pelean si uno no quiere». Pero, al parecer, todos están dispuestos a pelear. Me da miedo pensar que, en un futuro cercano, podríamos estar viviendo una situación de conflicto bélico que solo conocíamos a través de los libros de sociales de la EGB. Algo tan lejano que, ahora, parece más real que nunca.
Lo que se avecina en los próximos meses son movimientos políticos estratégicos: salidas de la OTAN, apoyos a ciertos países y, por el contrario, retiradas de apoyo, alianzas, entre otros. Hoy en día, pertenecer a la OTAN parece un deporte de alto riesgo, todo porque los intereses de algunos dirigentes, como el ruso, buscan desestabilizarla. De hecho, me atrevería a pensar que el verdadero objetivo de Putin no es simplemente recuperar territorios ucranianos, sino desmantelar la OTAN. La invasión rusa en Ucrania podría ser el medio para lograr este fin: dinamitar la OTAN, lo que explica las presiones que estamos viendo en los últimos días.
Las marionetas de Trump
La situación está clara: entre tres o cuatro potencias se quieren repartir el pastel. La geopolítica mundial parece estar en plena transformación, y las grandes potencias, antes de un posible conflicto bélico, se están tanteando entre sí. Utilizan herramientas como las guerras comerciales de aranceles y el gasto en defensa para medir la fuerza de sus oponentes. Los recientes esfuerzos de Trump por aumentar el gasto en defensa no son simplemente decisiones arbitrarias; a través de esta medida, los países pueden evaluar el nivel de gasto y la capacidad militar de sus adversarios, dejando las cartas sobre la mesa.
Y así, los demás líderes políticos son marionetas de Trump.
¿Hacia dónde vamos?
El escenario que estamos viviendo pone de manifiesto la osadía y la ambición de algunos dirigentes, quienes parecen no tener límites y muestran poco interés por la vida de las personas. Una invasión, una guerra comercial de aranceles, un rearme militar y un aumento en el gasto en defensa: ¿hacia dónde nos llevará todo esto? La pregunta se cierne sobre nosotros, mientras el ego de ciertos líderes tensiona la cuerda y pone en peligro el clima de convivencia en Europa. Y es que, ¿está Europa tan debilitada como algunos, como Trump, nos quieren hacer creer?
Recuerdo un tiempo en el que, a pesar de las dificultades —años de terrorismo, burbujas inmobiliarias, e incluso una pandemia— podíamos vivir con relativa calma. Si fuimos capaces de superar esas adversidades, ¿qué está ocurriendo ahora para que los líderes mundiales no se pongan de acuerdo? Personalmente, soñaba con que mis hijos pudieran vivir en un mundo tan o más pacífico que el que yo conocí. Pero ahora, me temo que, si las cosas siguen así, quizá debamos recurrir a las enseñanzas y genialidades de Roberto Benigni en su película «La Vida es Bella», para encontrar esperanza en medio del caos.
La situación es incierta, pero lo que está claro es que necesitamos despertar y tomar conciencia de lo que está sucediendo. El futuro de nuestros hijos depende, en gran medida, de las decisiones que se tomen hoy.